25 de septiembre de 2011

Tenía ínfulas de putón y arañazos en el corazón.

Y echamos el cerrojo a nuestra historia. Esa que nunca debimos inventarnos, aunque nos queda el poco consuelo de pensar que bien está lo que bien acaba. Tenía ínfulas de putón y arañazos en el corazón. Empiezo a arrasar con el más mínimo recuerdo que encuentro a mi paso y acabo recordántote de nuevo de tanto recuerdo que hay que arrasar. Mi plan puesto a la inversa, como yo (o el mundo). Mi habitación en cuarentena, increíble. Cosas que en su día pensaste guardar, pero no en la basura. El apocalipsis me arrasa por dentro y va a acabar conmigo. Cuando te vea iré con un mensaje escrito en los ojos ''No quiero ni oirte respirar''. Entonces pienso, cojones, no había topado con un gilipollas tan grande antes y a la simultáneamente me doy cuenta de los muchos que me quedan por topar. Hoy corroboro aquello de que las apariencias engañan(o me engañabas tú). Me confundí contigo y hoy ni si quiera quiero ver tus ojos perdiéndose entre la gente, ni si quiera.



''El placer que se espera es mucho mayor del que se tiene''

8 de septiembre de 2011

El mundo se está volviendo loco. Oigo la música de fondo mientras me tiro en la cama por desgaste emocional. Mi corazón dando vueltas de campana y yo bailo, bailo. El mundo girando y mostrándome su otra cara. No se si la vida me ha cambiado o yo estoy puesta del revés. Y me siento una niña montada en una montaña rusa. Que cuando parece que estaba bajando, de repente vuelvo a subir. Lo quería, no lo esperaba.Y estoy ahí, tocando el cielo de nuevo sin que tu me eches una mano. Que ahora tengo otra que me agarra más fuerte. Más segura.




''Si me amas hasta el fín de los tiempos, entonces, te prometeré la noche de tu vida.''

5 de septiembre de 2011

Un para siempre, de lo poco que queda.



Quería desaparecer de la vida. Tenía la garganta vacía, ya no desgarrada de ilusión. El café con azúcar y la leche fría. Ya no se iba al parque a escuchar que le decían los hombres que van por la vida sin cabeza. No se sentía la protagonista de su historia ni lloraba por las noches cuando se moría el protagonista del que estaba enamorada de su libro preferido. Le pesaban las pestañas y estaba necesitada de ganas por abrir los ojos. El colchón en vez de pedir clemencia pedía que aguantara un día más. Que en lo más simple estaba lo importante. 
Tengo las manos pequeñas y el corazón demasiado grande. Unos ojos verdes cansados de buscarte.